
Hoy jueves, es el día de la nada en el país de los sin nombre, y es la hora en que nada pasa, y mi inutilidad se convierte en instrumento de la desidia.
Anoche encontré una flauta antigua, que perteneció a un gran músico y poeta siglos atrás, y regresé en el tren del pasado, maravillado por el sonido de la hermosa herramienta de música.
Claro, estaba soñando, pero esa música, apresurándose en el viento, era promesa de amor, belleza de notas imposibles que capturaban la dulzura de tu voz.
No todo el mundo tiene su sombrero, y yo me pregunto porqué no.
Viajé en el tren con Fred Astaire, él bailaba con los pies, y yo miraba por la ventana el paisaje formado por árboles de impaciencia, una torrecita de inquietud, y el astuto cielo de colores cambiantes derritiéndose arriba.
Yo sé, vos sabes (Vos me lo dijiste), afuera los gatos se pelean como las personas, pero... ¿Cómo mantener enlazadas estas palabras en punta con las hermosas prosas que dejás revoloteándo?
"¡Enfermo!" me repito en mi mente, y me alejo del tiempo y sus punzantes agujas, me alejo del tiempo en que creías que yo era algo mejor.
Dibujo un punto final, porque estos días ya no pude rimar mis besos en tus labios, porque fué rotundo tu abandono acertijo, y ya no puedo con este dolor a cuestas, forzando mis percepciones que ruedan en la monotonía de la conversación entre tu indiferencia y mis síntomas de estupidez crónica.
Un cíclo más se cumple, y me la paso odiándome por pensar tanto en vos, y me la paso matándome de a poco con fuertes dósis de silentes encierros.
Chau, enfermo, chau enfermo, enfermo, chau, chau chau chau, enfermo enfermo enfermo...
Las palabras no importan, no valen nada, no duelen, no lastiman, no curan, no cambian nada... y hoy es el día de la nada, y no dejo de pensar en vos, y en unos buñuelos de acelga que comería si no se me hubiera cerrado el estómago de tristeza...
No tengo ganas de nada, y odio no poder odiarte, odio sentir esta fobia, odio tu máscara de indiferencia riéndose de mi.
No quiero tus migajas, dejáme solo, andá a dormir, o a donde quieras, a mi nadie me obliga a amarte y te amo, a vos nadie te obliga a quedarte.
Anónimo